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Malos humos y mucho morro

Posted by isilanes on September 17, 2006

A estas alturas cualquier lector español estará al corriente de la archifamosa “Ley del Tabaco”, o sea, una serie de medidas reguladoras para el consumo de tabaco en espacios cerrados, tanto locales públicos (bares, restaurantes, pubs) como de trabajo. Los hogares quedan exentos de esta normativa, creo que en buena lógica.

La normativa es relativamente simple:

  • Se permite fumar en espacios abiertos. Lo siguiente solo se aplica a espacios cerrados.
  • En el lugar de trabajo NO se puede fumar, de ninguna manera.
  • En locales con acceso al público se distinguen 2 categorías: los de más de 100m2 y los de menos:
    • En los de menos, el dueño escoge si permite fumar o no, y lo debe reflejar así con las señales oportunas.
    • En los de más, un máximo del 30% de la superficie debe ser habilitada para fumadores (debidamente separada del resto). En el resto del local no se podrá fumar.

Pues bien, la fecha tope que tenían los hosteleros para habilitar esas zonas para fumadores y adaptarse a la norma era el 1 de septiembre. Estamos a 17, y todavía una gran parte (creo que la mayoría) de los locales grandes está sin habilitar. De los locales menores de 100m2, ni qué decir tiene que el 99% han decidido permitir fumar.

Ahora bien, me gustaría pasar a exponer algunas quejas que tienen ciertos hosteleros poco escrupulosos y ciertos fumadores de conciencia laxa, y tratar de desmontar sus argumentos razonadamente. Quizá el lector encuentre en estas líneas algún argumento que usar ante estas quejas, si se cruza con ellas en el futuro.

Fumador: “No es justo: la ley dice proteger a los no-fumadores, pero ¿quién defiende los derechos de los fumadores?”

La Ley se hace para proteger a víctimas inocentes, no a agresores. Vamos a ver si esto queda claro: el fumador no es una víctima a la que se le conculca su derecho a fumar, sino un agresor a quien se limita su capacidad de agredir. Un fumador puede fumar siempre y cuando se demuestre que en esas circunstancias no daña a terceros. Lo que los fumadores quieren es que se les permita fumar incluso cuando con ello dañen a no-fumadores.

La falacia de esta postura puede demostrarse (como haré en casi todos los casos) con una reducción al absurdo. Supongamos que tengo un bate de beisbol, y me gusta salir a la calle haciendo molinetes con él. Supongamos que no me importa si le rompo una pierna a otro viandante, o le abro directamente el craneo. Yo voy a lo mío, pasándomelo bomba blandiendo mi bate. Sin intención de agredir, pero sin remordimiento si lo hago. ¿Tendría yo derecho a quejarme si las autoridades me instaran a cejar en mi empeño? ¿Podría yo argüir que haciendo eso me divierto, y que está bien defender a los que (sin querer) agredo, pero que las autoridades también tienen que velar por mi derecho a divertirme? No, ¿verdad?

Argumentar que hay que dejar a los fumadores que sigan fumando incluso cuando esto dañe a terceros, porque impedírselo supondría limitar su derecho a disfrutar del tabaco, equivale a defender que un asesino o un maltratador sigan matando o maltratando, porque se divierten con ello. La Ley está para defender al agredido, no para ceder derechos injustos a un agresor.

Hostelero: “No podemos impedir que se fume, porque va en contra de nuestro negocio.”

Esto es un argumento de consecuencias adversas, y, por tanto, falaz. La justicia de impedir fumar donde esté prohibido no puede supeditarse a intereses comerciales. Los hosteleros deben acatar la Ley, independientemente de que esto les beneficie. Deben hacerlo porque es lo justo, y porque lo dice la Ley (suponiendo que las Leyes se atengan a la Justicia, lo cual supondría otro debate).

Más reducciones al absurdo: igualmente una fábrica de productos químicos podría aducir que instalar depuradoras para no verter residuos contaminantes al río “va en contra de su negocio”, porque le va a costar dinero. Pero es la Ley, y está hecha para proteger el medio ambiento, independientemente de que el empresario pierda dinero. Yo no he leido en ninguna parte que matar sea ilegal “excepto si se mata a la abuela por la herencia, o a un empresario de la competencia, para beneficiar el negocio propio.” Pues no, lo que es ilegal es ilegal, y hay que acatar la Ley aunque nos haga perder dinero.

Fumador: “No nos pueden impedir que fumemos durante un opíparo banquete… es una costumbre muy arraigada.”

Esta es una apelación a la tradición, y por tanto, otro argumento falaz. Algo es justo, o injusto, porque lo es. Porque hay razonamientos lógicos que llevan a aceptarlo como tal. No porque “siempre se haya hecho así”. Para que una costumbre sea aceptable tiene que ser algo que, si no existiera y nos sentaramos ahora a “inventarla”, igualmente volveríamos a inventarla. Si ahora no instauraríamos esa tradición ni locos, y el único motivo por el que se mantiene es que ya existía de antes… entonces hay que abolir esa tradición.

Reduciendo al absurdo: como las mujeres nunca han votado, no deberían empezar a votar ahora. Como los negros nunca han tenido derechos en mi pais, no deberían reconocérseles. Aquí es tradición tirar una cabra del campanario en fiestas… no deberíamos dejar de hacerlo.

Hostelero: “En una boda, el local está en manos privadas, y deberían ser los novios los que decidieran si se fuma, no la Ley.”

Los novios no tienen potestad alguna para modificar a su antojo lo que diga la Ley, y por buenas razones. Como ya se ha dicho arriba, la Ley está para amparar a las víctimas. No se puede dejar a merced de los novios que decidan si permiten que los no-fumadores sean agredidos. Precisamente la Ley está para impedir dichas arbitrariedades, y que la víctima no tenga que acogerse a la piedad de los novios, que se solidaricen y la defiendan de humos cancerígenos. No, el no-fumador no tiene que apelar a la piedad de nadie, ni pedir nada por favor. El no-fumador tiene la Ley para ampararle, y eso debe bastar.

Reduciendo al absurdo de nuevo, podríamos argumentar que los novios también pueden decidir si el local tendrá o no salidas de emergencia, alarmas antiincendios, o los extintores reglamentarios, ya que “ellos sabrán” si luego se desata un incendio y mueren todos. Pues no, la Ley marca unas regulaciones al respecto, y aunque los novios quisieran hacer algo de lo mencionado, no podrían.

Novios: “Llamamos al restaurante y preguntamos si se podría fumar. Si nos hubieran dicho que no, habríamos contratado otro restaurante.”

Esto refuerza el argumento de los hosteleros, diciendo que cumplir la Ley les hace perder dinero, pero en el fondo no es más que una vil extorsión.

Los novios, en vez de ponerse de lado de la Ley, y asegurarse de que el local donde hagan el banquete respete la legislación, extorsionan a los hosteleros para que hagan lo contrario. Obviamente se ponen del lado de los agresores (los fumadores), y no de las víctimas (los no-fumadores), simplemente porque los fumadores suelen ser celosos guardianes de su dudoso derecho a autoadministrarse su dosis de droga, a la que están enganchados, mientras que los no-fumadores llevamos años de costumbre de “tragar y callar”.

De esta manera, es más cómodo violar derechos de no-fumadores, exponiédolos a peligros mortales (¿a que suena exagerado? Pero es así), porque no van a protestar, que contrariar a los fumadores, quienes son tan dependientes de su tabaco que son capaces de no venir a nuestra boda si no se les deja fumar. Y si vienen van a armar un revuelo de mil pares de narices, o directamente se saltarán la prohibición, imponiendo al hostelero la incómoda tarea de llamarles la atención, y arriesgandonos a que la violenta situación resultante nos amargue la velada.

Reduciendo una vez más al absurdo, equivale a ponernos del lado de un hombre que maltrata en público a su pareja, porque si nos inmiscuímos para defenderla el hombre puede ponerse violento con nosotros. Sin embargo la pobre mujer no va a tomar ninguna represalia, ni aunque nosotros mismos nos acercáramos para agredirla. Obviamente, excepto el pequeño “detalle” de la Justicia, es más cómodo ponernos del lado de un agresor que del de una víctima.

Hostelero: La Ministra ha dicho que quizá en 6 meses cambie la Ley, y en los locales de más de 100m2 no se pueda fumar en ningún sitio. Si esto es así, mejor no hacer las obras de habilitación de espacios para fumadores, porque si no, ¡¡las habré hecho en vano!!

He buscado en Internet y no he encontrado estas declaraciones de la Ministra Salgado… pero supongamos que ocurrieron.

Vamos a ver, la posibilidad (ni siquiera la seguridad absoluta) de que una Ley vaya a cambiar en el futuro NO EXIME DE SU CUMPLIMIENTO. ¿Queda claro?

La situación anterior a aplicarse la Ley Antitabaco era INJUSTA. Se estaban vulnerando los derechos de los no-fumadores, y se llevaba haciendo años y años. La Ley actual (y la potencial Ley futura) no es más que un paso hacia la restauración de la Justicia. No se pueden dejar de dar pasos porque otros pasos futuros los dejarán obsoletos.

Hagamos otra reducción al absurdo: esta queja es como si en la norteamérica esclavista el Parlamento hubiese dicho que los esclavos no deberían estar hacinados en cuadras, y que cada negro debería tener una cama. Ahora supongamos que el presidente dice, al poco de entrar esa Ley en vigor, que planea proponer al Parlamento, dentro de 6 meses, la abolición total de la esclavitud. Los esclavistas (como los hosteleros), tendrían, supuestamente, derecho a quejarse de que se les “obliga” a proveer a sus esclavos de camas (un gasto comparable a construir una pirámide, o instalar una mampara de metacrilato en un local, para separar a los fumadores), cuando en poco tiempo “se van a quedar obsoletas”. Mira, chaval, si no quieres comprar esas camas a tus esclavos, los liberas hoy mismo, que la Ley te lo permite. Y si quieres seguir explotando lo más posible la injusta situación actual, compra las puñeteras camas y no lloriquees sobre el dinero que la futura Ley te hará perder.

Dentro de 6 meses se verá qué es lo que ocurre, pero por ahora es el cuento de la lechera. La verdad, no sé de qué se queja la gente: ¿de las declaraciones de la Ministra? ¿de que la Ley se vaya a cambiar en el futuro? ¿de que lo que van a poner dentro de 6 meses no se ponga ya? ¿de que obliguen a los hosteleros a hacer una inversión que dentro de un tiempo quedará obsoleta?

Primero, quejarse de que la Ministra haya sido bocazas es irrelevante. Si las declaraciones han sido erroneas, desafortunadas, Salgado debe dimitir, la deben colgar del palo mayor… todo eso es IRRELEVANTE. La Ley es la Ley, y se debe cumplir. No solo eso, sino que la justicia de dicha Ley (que es lo que estamos discutiendo), no se ve afectada en lo más mínimo por errores o méritos de sus proponentes ni detractores.

Por no mencionar que quien se queja de que la Ministra haya dicho “demasiado”, se quejaría igualmente dentro de 6 meses, si se aplicara la Ley sin haber “avisado”. Y quien se queja de que haya dicho “quizá”, en vez de “seguro”, también se quejaría si después de asegurar que la Ley cambiaría acabara no cambiando (por motivos fuera de la potestad de la Ministra, como por ejemplo presiones de la oposición, los gobiernos regionales, o los simpáticos “Fumadores contra la intolerancia”…). No digamos si asegurara que no cambiará y luego cambiase. O sea: no se puede callar, porque sería hacer las cosas a traicíon. No puede decir “quizá”, porque es lo que ha hecho y la gente se queja. No puede decir “seguro que sí”, porque luego igual luego no le dejan hacerlo. Y tampoco puede decir “seguro que no”, porque su intención es hacerlo. Bienvenidos al mundo de “damned if you do, damned if you don’t”.

Segundo, quejarse de que la Ley vaya a cambiar en el futuro es legítimo. Todo el mundo puede expresar su opinión de que cierta ley actual es injusta, o que cierta ley futura lo será. Faltaría más, para eso está la democracia y el estado de derecho. Pero las leyes actuales hay que cumplirlas, que para eso están. Y más una Ley que el 77% de la población apoyaba ya desde antes de aplicarse.

Tercero, quejarse de que la ley que pretende instaurarse dentro de 6 meses no se haya puesto ya es el colmo del cinismo. Un hostelero no puede dejar de hacer las obras de habilitación de espacios separados para fumadores, alegando que la futura ley debería ser vigente ya. Si piensa eso lo tiene fácil: que haga TODO su establecimiento para no-fumadores y punto. La Ley actual lo permite. La Ley actual fija un máximo de un 30% de superficie para fumadores, pero no fija un mínimo.

Sería el colmo del cinismo quejarse de que una Ley de prohibición total no se haya instaurado ya, cuando son ellos los que han presionado para que no se hiciera, y los que con sus presiones han retrasado 6 meses esa Ley, si es que se aplica en 6 meses, que sigue siendo, como digo, el cuento de la lechera.

Cuarto, nadie obliga a los hosteleros a hacer ninguna inversión. Esto que quede claro. Los hosteleros tienen absoluta libertad para NO habilitar NINGÚN espacio para fumadores ahora mismo. La Ley solamente dice que tienen que elegir entre no dejar fumar en ningún sitio de su local, o bien habilitar una zona separada de los no-fumadores para que quien lo desee fume allí. De hecho, las (supuestas) declaraciones de la Ministra pueden tomarse como un aviso: si tanto te importa gastar dinero en balde, y quieres tener visión de futuro, te aviso que lo mejor es que ahora mismo no hagas zonas para fumadores.

Los hosteleros lo tienen fácil: o bien cumplen la Ley ahora mismo (digamos, “por exceso”) y no dejan fumar en ningún rincón de sus locales, o bien cumplen la Ley ahora mismo y habilitan las zonas para no-fumadores. La Ley permite, no obliga a, habilitar dichas zonas. Los hosteleros deben calcular si las “millonarias” (me parto la caja) reformas merecen la pena, para 6 meses de sacar dinero de fumadores, o bien no hacer las obras y perder el dinero de los fumadores que no quieran ir a sus establecimientos. También, por supuesto, pueden hacer sus cábalas y pensar que quizá después de todo esa Ley no se apruebe, o se retrase, y sigan aprovechando sus habitáculos para fumadores durante más tiempo… Todo esto lo pueden y deben sopesar los hosteleros, quienes tienen total libertad para escoger lo que deseen.

Ahora bien, lo que NO tienen ningún derecho a hacer es seguir incumpliendo la legislación vigente. Se les dió un plazo más que generoso desde la implantación de la Ley (en enero), hasta el fuerce de su cumplimiento (1 de septiembre), y lo han agotado. Este es su problema, no el mío. Yo tengo mis derechos, y no acepto que me los sigan pisando.

Hay una Ley que me ampara, así que basta de excusas.

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